jueves, 20 de abril de 2017

Hacia allá...


Partió raudo pasada la medianoche, lo hizo en silencio.
Dejó tras de si aquello que ya no le servía. Se sintió libre, feliz. No cargó con el peso inerte que quedó vacío, tumbado sobre la cama. Lo había arrastrado durante décadas, ya no cumplía ninguna función.
Voló a la luz.

Quienes hallaron el cuerpo esa mañana se extrañaron de la sonrisa que lucía el rostro del anciano.

domingo, 8 de enero de 2017

El instante...


Se plantó decidido frente a la puerta, lo vio echar  mano a su cintura donde descansaba el puñal. El terror se pintó en sus ojos, sabía que su hora había llegado.

—¡No Rosendo!— clamó la mujer— piensa en los chicos.

La miró de soslayo, dura la expresión de su rostro, fue sacando de a poco de su funda el cuchillo donde reverberaban los rayos del sol en un arco iris de muerte…

Rosendo no era hombre de echarse atrás, avanzó hacia él, los niños lloraban, la mujer lo tomó de la manga rogando que deponga su actitud.
Él volteó la mirada hacia el rincón donde las criaturas lloraban.

Lo pensó…

Miró a su mujer y asintió con la cabeza. Guardó el puñal y sin decir palabra partió muy molesto a tomar unas copas.
El pequeño cerdo supo que se había salvado.
La gallina bataraza no tuvo la misma suerte, sus polluelos ya estaban grandecitos como para arreglarse solos.

Durante la cena nadie habló…

domingo, 1 de enero de 2017

Campanadas



Era la noche, la última del año;  La mesa repleta, abundante bebida, música y risas.

Ella estaba exultante, con ese brillo en su mirada provocadora que lo excitaba. La sorprendería, tras el brindis abriría el estuche que celosamente guarda en su bolsillo y le pediría unir sus vidas para siempre.

A un par de cuadras él había bebido en demasía, estaba feliz, sería papá. Con la primera campanada extrajo su arma y disparó al aire. El proyectil no sabe de amor, en loca carrera retornó a la tierra.
El anillo rodó de su mano. La sonrisa se transformo en mueca, su mirada cambió, él  la sostuvo hasta qué la depositó suavemente en el piso.
Tras la última campanada lo envolvió el dolor de la soledad…

A un par de cuadras, ajeno al drama,  tras guardar el arma brindaba feliz.