Era la noche, la última del año; La mesa repleta, abundante bebida, música y risas.
Ella estaba exultante, con ese brillo en su mirada
provocadora que lo excitaba. La sorprendería, tras el brindis abriría el
estuche que celosamente guarda en su bolsillo y le pediría unir sus vidas para
siempre.
A un par de cuadras él había bebido en demasía,
estaba feliz, sería papá. Con la primera campanada extrajo su arma y disparó al
aire. El proyectil no sabe de amor, en loca carrera retornó a la tierra.
El anillo rodó de su mano. La sonrisa se transformo
en mueca, su mirada cambió, él la
sostuvo hasta qué la depositó suavemente en el piso.
Tras la última campanada lo envolvió el dolor de la
soledad…
A un par de cuadras, ajeno al drama, tras guardar el arma brindaba feliz.
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